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Coaching Ontológico E L    R E S P E T O

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E L    R E S P E T O
El respeto es una virtud. ¿Y qué es una virtud?
La palabra en griego “areté” fue traducida por los  latinos como “virtus”,  virtudes o excelencias.
La virtud es una fuerza que actúa, o que puede actuar. Así, la virtud de una planta (o de un medicamento) es sanar; la de un cuchillo, cortar, y la de un humano, la voluntad de actuar humanamente. La virtud de un ser es lo que constituye su valor, es decir, su excelencia particular: el buen cuchillo corta bien, el buen remedio sana, el buen veneno mata.
Entonces, si todo ser tiene su potencia específica, en la que se destaca, o puede destacarse, ¿cuál es la excelencia  propia del hombre?
Para Aristóteles la excelencia propia del hombre” era lo que lo distinguía de los animales, es decir, la vida racional. Sin embargo, la razón no basta: también son necesarios:

  • el querer
  • la educación
  • la costumbre
  • la memoria….

El querer de un hombre no es el de un caballo; tampoco el querer de un hombre educado es igual al de un salvaje, o de un ignorante. Virtud y humanidad son históricas y ambas cualidades se conjugan en el virtuoso.
La virtud logra que el individuo sea “humano”; es la potencia específica que tiene  para afirmar su propia excelencia, es decir su humanidad.
La virtud es una manera de ser pero adquirida y durable: es lo que hemos llegado a ser gracias a nuestro esfuerzo  (ARISTÓTELES)
“Nada hay tan hermoso y legítimo , decía Montaigne, como actuar bien, y debidamente, el papel de humano” Esa es la virtud.  Lo que Montaigne y los griegos nos enseñaron puede leerse también en Spinoza : “ Por virtud y potencia entiendo lo mismo”
Desde Aristóteles se nos repite que la virtud es la disposición adquirida de hacer el bien. Es el bien mismo, en espíritu y en verdad. No existe un Bien absoluto, un bien en sí, que bastaría conocer o aplicar. El bien no es para ser contemplado: está por hacer. Tal es la virtud: es el esfuerzo para comportarse bien, y “el Bien” se define en ese mismo esfuerzo.
Las virtudes son nuestros valores morales, pero encarnados, vividos, actuados. Siempre singulares como cada uno de nosotros.
El desarrollo que se presenta a continuación nos llevará a tomar consciencia de que aprendemos por repetición, de que podemos desarrollar nuevos hábitos, de que la segunda intención vale, y que por el sólo y maravilloso hecho de “ser humanos” tenemos el don, fuerza o potencia innata de evolucionar, de hacer el bien.
Para poder introducirnos en el respeto, una de las virtudes esenciales a desarrollar durante nuestro aprendizaje en la escuela de la vida vamos abordar  el origen de todas ellas: la cortesía. Podríamos decir que ésta es una virtud de etiqueta, virtud de ostentación, apariencia de virtud y sólo apariencia…….
Los invito entonces a viajar  por el sorprendente laberinto del  Ser Humano recordando el lema que dice: “Virtuoso no se nace sino se hace”.
La Cortesía y el Niño
El recién nacido no tiene moral ni puede tenerla. Tampoco el lactante ni, por bastante tiempo, el niño pequeño. Lo que éste descubre, sin embargo y muy pronto, es la prohibición. “No hagas eso: es sucio, está mal, es feo, es malo, es peligroso, etc …” y luego diferenciará lo que está mal ( la infracción ) y lo que hace mal ( el peligro).
¿Por qué prohibirlo? Porque así debe ser, porque es sucio, feo, malo etc.
Existe lo permitido y lo prohibido, lo debido y lo indebido, ¿el bien? ¿ el mal?
¿ Significa esto que la norma no tiene otro fundamento que la convención, otro justificativo que el uso y el respeto de los usos: regla de hechos, regla de pura forma, regla de cortesía..? No decir malas palabras, no interrumpir a las personas, no empujar, no robar, no mentir…. Todas estas prohibiciones se presentan al niño de manera análoga “no está bien”
Kant lo explica de la siguiente manera: “no se puede deducir lo que se debe hacer a partir de lo que se hace. Sin embargo el niño está obligado a ello, y es su única manera de llegar a Ser Humano. El hombre sólo puede hacerse hombre mediante la educación y es sólo lo que la educación hace de él. . La disciplina, en primer lugar  transforma la animalidad en humanidad. Lo que el niño, a falta de instinto, no puede hacer por sí mismo, debe ser hecho por otros en su lugar, y así, una generación educa a  la otra”
O sea:

  • El uso es previo al valor
  • La obediencia anterior al respeto
  • La imitación preexistente al deber
  • La cortesía (“eso no se hace”) precede a la moral (“eso no debe hacerse”) que se instaura poco a poco y difícilmente podría emerger sin la primera.
  • Lo</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial';">s buenos modales preceden a las buenas acciones y llevan a ellas.

Kant lo explica a través de una metáfora:
“La moral es cortesía del alma.  Moneda de papel pero más valiosa que nada; sería tan desatinado suprimirla como tomarla por oro genuino;  moneda de vellón, amable periferia de la virtud. ¿Y qué niño llegaría a ser virtuoso sin esa apariencia, sin esa amabilidad?”
Virtuoso no se nace, sino se hace.  Ninguna virtud es natural: hay que volverse virtuoso.
¿De qué manera?  Aristóteles sabiamente decía:

  • “Aprendemos a hacer las cosas haciéndolas”
  • “ La práctica de acciones justas nos tornan justos”
  • “ La práctica de acciones moderadas nos vuelve moderados”
  • “La práctica de acciones valientes nos transforma en valientes”

Es así que a las preguntas:
¿Cómo actuar con justicia si no se es justo? ¿Con moderación, sin ser moderado? ¿Con valentía, sin ser valiente?
Aristóteles, parece responder: POR HÁBITO
“Si bien la cortesía, - observaba  Jean de La Bruyére (1645-1696, escritor y moralista francés)-no inspira siempre bondad, equidad, complacencia o gratitud, al menos las figura y hace que el hombre parezca por fuera como debería ser por dentro” Por eso es insuficiente en el adulto, e inevitable en el niño. Es sólo un comienzo.
Los modales corteses hacen que el hombre aparezca exteriormente tal como debería ser en su interior.
O sea:

  • Decir “  por favor” o “ disculpa” es semblanza de respeto
  • Decir “gracias”  es apariencia de gratitud.

Uno se torna virtuoso parodiando la virtud de otros: “Por el hecho de que los hombres actúan esos roles”, escribe Kant, “las virtudes – cuyas apariencias concertadas imitan por un tiempo- poco a poco despiertan, y se integran en sus hábitos” Se debe primero adoptar “las formas del bien”, sin duda no para contentarse, sino para acceder a la virtud que figuran, que sólo adviene mediante la imitación. “La apariencia del bien en los demás- escribe también Kant-no deja de tener valor para nosotros: de ese juego de simulaciones, que suscita el respeto acaso sin merecerlo, lo serio puede nacer, y sin ello la moral no podría transmitirse ni constituirse. “Las inclinaciones morales vienen de actos que se le parecen”, decía Aristóteles.
La cortesía es esa semblanza de virtud de donde provienen las virtudes.
Es así como en el Juego de  la Vida, aprendemos jugando y la multiplicidad de roles que vamos a desempeñar a lo largo de nuestra existencia serán una demostración de nuestro histrionismo innato.
Ser bien educado, en el hablar corriente, es ante todo ser cortés, y eso dice mucho. Aprendiendo a decir “por favor”, “gracias”, “disculpa” vamos sembrando la semilla del respeto
El respeto se aprende allí. No basta el amor para educar a los niños. La cortesía tampoco alcanza. Ambas cosas son necesarias.
Introducción al Respeto
De acuerdo con la raíz de la palabra (“respicere”: mirar),  es la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única.  Para desarrollar esta capacidad es necesario comenzar a observar más allá de lo que percibimos a simple vista. Es fundamental aprender a mirar con atención, sintiéndome uno con la persona.
Todo Ser Humano merece el mayor Respeto por el hecho de estar en el mundo, de transitar por esta vida.
La grandeza de la vida está presente en cada uno, por lo que todo ser humano tiene el derecho a la alegría de vivir con respeto y dignidad. 
chacra cardíaco.

  • Si desde mi Yo Real, me conecto con el Yo Real de la otra persona, voy a lograr una comunicación íntegra, trascendiendo la personalidad, teniendo conciencia de la esencia pura que habita en todos y en todo.
  • S</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial';">ó</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial';">lo cuando reconocemos la esencia pura presente en nosotros podemos reconocer esa misma esencia pura en el otro ser y e</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; ">s esa conciencia la que asegura que surja la bondad inherente del propio ser y de los demás porque todo ser humano tiene un valor innato que es puro y virtuoso
  • Cuando falta el reconocimiento de la propia naturaleza original y la del otro, las influencias n</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; ">egativas externas dominan completamente el respeto

El Respeto es :

  • Conocer el propio valor
  • Honrar el valor de los  demás

Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. De ese modo, “el respeto implica la ausencia de explotación” (Erich Fromm).
El respeto comienza en la propia persona. El estado original del respeto está basado en el reconocimiento del propio ser como una entidad única, una fuerza vital interior, un ser espiritual, un alma. La conciencia elevada de saber “quién soy” surge de un espacio auténtico de valor puro. El verdadero auto respeto se experimenta con la comprensión del propio ser.
Debemos tener presente la bondad inherente del propio ser y de los demás.
Todo resulta más fácil si partimos del concepto que el ser humano es en esencia “un ser puro”
Si nos remitimos a los pecados capitales, podemos reconocer al respeto como un componente del amor, y a la falta del mismo como a la polarización de esa pura esencia que todos somos.
El Respeto a la Energía Eterna presente en todas las cosas
Ese sentido de honor y de valor debe extenderse a la naturaleza. La falta de respeto y trabajar en contra de las leyes de la naturaleza ocasionan un desequilibrio ecológico y desastres naturales.
Los animales y plantas están al servicio del hombre pero poseen  dignidad propia. El hombre puede usarlos, comerlos y divertirse con ellos, pero dentro de cierto respeto. El trato adecuado a la dignidad de los demás es interesarse por ellos, pues además de respetar es preciso Amar a todos, deseando su Bien.
Cuando el ser humano logre desarrollar la conciencia del respeto y la reverencia hacia la “Energía Eterna” de la materia, los elementos servirán a la humanidad con precisión y abundancia.
Se le debe el Respeto más profundo a todo aquello que nos rodea, a las plantas y animales, a la pequeña hormiga y a la gran ballena, a los ríos, lagos y mares. Todo como parte de la CREACION se lo merece.
El Respeto surge como Posibilidad desde la Diferencia
Respetar implica desear el bien y ver el bien en todo lo que nos rodea: plantas, ríos, lagos, en el más humilde de los hombres, en el basurero, que por más sucio que sea su trabajo, sin su dedicada labor nuestra vida sería un basurero; en el soberbio, pues al reconocer en él la soberbia tenemos la oportunidad de cultivar el Perdón ; en el iracundo que en su ira nos enseña la importancia de controlarnos y desarrollar el Amor; en el feo, porque su fealdad nos obliga a trascender la imagen del espejo y zambullirnos en su interior para descubrir que la belleza reside en el alma; en el ignorante que nos ayuda a tomar conciencia de que sólo el camino de la sabiduría nos conduce hacia la paz interior y la verdad.
Respetar es situar a todos en el mismo lugar de comprensión y comprender su forma de ser, pues todos y todo merece nuestra atención, más allá de sus particularidades y condición.
Respetar es sugerir un camino, que según nuestro nivel de conciencia es el correcto, pero no imponerlo. Respetar es aceptar la elección del otro. ¿Quién asegura que nosotros seamos los portadores de la verdad? Pensar que tenemos la verdad absoluta, es un acto de Soberbia.
El camino de la evolución es estrecho, sólo Uno puede transitarlo. Dios nos deja  actuar con completa libertad, nos muestra las consecuencias de nuestros actos pero nos da libre albedrío. La elección es nuestra.
El respeto mutuo protege la dignidad de las personas y por tanto origina seguridad y confianza. El respeto adecuado es propio de la justicia.
Entendemos al respeto como la “aceptación del otro como un legítimo otro”. Esto quiere decir que aceptamos que siente, piensa, actúa, de una manera diferente a la nuestra. Y que esa manera propia es legítima. Esto no quiere decir que estemos de acuerdo. Justamente, el respeto surge como posibilidad desde la diferencia.
Cuando hay respeto, no hay lucha. No tratamos de forzar al otro para que cambie su forma de pensar, sentir y actuar. No luchamos por la razón. No existe agresión. Si construimos nuestras relaciones sobre los cimientos del respeto, vamos a generar confianza, libertad, responsabilidad y conciencia.
Cuando juzgamos a los demás los estamos evaluando  desde nuestro nivel de conciencia,  desde una perspectiva centrada en nosotros, sin considerar que el punto de vista de los demás es igualmente válido y merece nuestro respeto. Cuando tomamos decisiones por los otros les  estamos diciendo que no son lo suficientemente inteligentes o capaces para liderar sus propias vidas.
El Respeto a la Diferencia y la Necesidad de ser Incluido
Todo individuo al nacer requiere para su desarrollo vital la aceptación de la familia, del grupo, del clan o de la sociedad en donde ve la luz: “el reconocimiento explícito de su pertenencia a una comunidad”. Pero además trae a la vida la imperiosa necesidad de definirse como un ser con características genuinas propias.
En su primera etapa, sus necesidades e  incapacidades lo hacen vivir en dependencia de otros seres durante más tiempo que ninguna otra especie animal. El ser humano necesita de los otros, pero esa necesidad no supone la desaparición de su individualidad, una individualidad que viene definida por su configuración físico-biológica, mental, psíquica, espiritual, anímica; por su origen (espacial, temporal, histórico, cultural, etc.), por la consciencia que tenga de sí mismo y por la perspectiva que adopte para vivir.
 
 
En resúmen, podemos decir que:

  • El ser humano tiende a la cooperación, pero necesita un espacio de soledad para conocerse y aceptarse en su diferencia.
  • El ser humano necesita producir colectivamente para sostenerse, pero su creatividad no se agota en una sola dirección.
  • El ser humano se nutre con el patrimonio cultural, económico y social que ha heredado, pero necesita dejar su impronta en ese patrimonio a p</span><span class="Normal-0020-0028Web-0029--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; ">artir del desarrollo de sus cualidades individuales.
  • El ser humano se siente estimulado por las creaciones de sus antecesores, pero siente una poderosa inclinación a formular nuevas propuestas que al materializarse le hacen reconocerse y sentirse parte de un proceso creador, un proceso en marcha sobre el cual no sabe cuando ni cómo se inició ni cuando acabará.

El respeto es un valor, un compromiso individual y colectivo, que es promovido mediante el ejemplo.
No se decreta por moralización ni dando lecciones. Cada  uno debe mostrar el camino adoptando actitudes y comportamientos respetuosos.
Todo lo "cometo" cotidianamente, para bien o para mal, no es sin efectos sobre los otros.
El respeto debe practicarse con la gente, prioritariamente, pero de igual manera con el medio ambiente, los animales, los bienes públicos y privados, las leyes, etc.
El respeto es simple, practicable en todas partes: en la calle, la empresa, la escuela, los campos deportivos, la naturaleza. Es aplicable en todas las situaciones de la vida.
Es la simplicidad la que hace su fuerza y favorece su  éxito.
El Respeto y las Jerarquías
Algunas personas merecen un respeto mayor debido a una dignidad superior. Por ejemplo, los padres, los ancianos, las autoridades, etc. El trato entre compañeros es diferente del trato hacia padres y profesores. También hay personas que por su conducta infrahumana pierden parte de su dignidad y merecen menor respeto. El respeto no significa dejar a los demás que hagan lo que les venga en gana. Hay cosas que se deben prohibir y asuntos que se deben corregir, pero atención, se añade falta de respeto si se corrige con malos modos.
El Respeto y los Órdenes del Amor
Honremos a los seres que nos dieron la vida.
El respeto a los padres es una experiencia metafísica. Puedo no entenderme con ellos ni considerarlos grandes educadores pero aún así ocupan una jerarquía superior. Su vida puede resultarme indiferente más su muerte  remueve mis fibras más íntimas. Constituyen mi origen próximo. Me orientan hacia el origen radical. Representan una imagen del Primer Principio de todas las cosas. La mirada de mi padre es la de un ser a través del cual he llegado al ser. La relación con cada uno de los padres no es puramente utilitaria o afectiva. Hay algo en ella que está más allá de la historia psicológica. La particularidad de la relación con el padre o la madre es ontológica, es una relación con un ser como tal. ¿Qué es el ser? Existe el océano del ser, existe el abismo del Ser. El respeto –se dice- es un límite. Sí, del mismo modo como uno no se detiene al borde del mar únicamente por la imposibilidad de avanzar, sino porque de pronto se ha convertido en el símbolo sublime de lo Infinito.
 
El Respeto a la Autoridad
Santo Tomás de Aquino presenta una interesante serie de ideas.  En primer lugar, según él, el respeto virtuoso no es incondicional. El respeto de un poder (observantia) es una virtud unida a la justicia. El respeto sólo es virtuoso si es justo y únicamente lo es en relación con las decisiones morales y legales de un poder legítimo. Santo Tomás no va más allá de lo que admitiría todo buen jurista de la Antigüedad. En segundo lugar, sin embargo, él llega a una concepción original, que casi podríamos considerar “personalista”, del respeto de la autoridad. No habla de respeto de la ley como tal, refiriéndose escasamente al respeto de la misma como expresión de poder del superior. Con finura, habla más bien del respeto de la persona del superior revestido del poder legítimo. Se respeta al superior respetando su ley. Lo respetamos porque es superior, pero en su condición de persona. En el respeto a la autoridad, el motivo es la autoridad y el objeto es la persona investida de la misma. Un hombre libre y respetuoso no tiene la religión de la autoridad. El respeto es una de las formas de la solidaridad social, mediante la cual debemos vincularnos cordialmente con las personas a cargo del bien común. Así, el respeto de la autoridad puede dejar de visualizarse ante todo en una dialéctica de oposición a la libertad irrespetuosa. Es la solidaridad lo que limita la libertad, del mismo modo como debe limitar la autoridad. El despotismo del jefe orgulloso y brutal destruye este respeto solidario y lo reemplaza por el servilismo del respeto humano, dejando únicamente lugar para el atropello, la huida o la rebelión. 
 
Para Kant, al igual que para Santo Tomás, el respeto fundamental es un sentimiento religioso, pero dirigido hacia un Absoluto que es o tiende a ser el Hombre.
Si queremos separar completamente el respeto del orden, del temor, es preciso ver unas formas de denominar la caridad. Ahí culmina el respeto, volviendo a sus orígenes etimológicos. El respeto mira. Es el don de la mirada, su forma de posarse sobre los demás y responder con el don de uno mismo al llamado silencioso que todo rostro dirige a la conciencia. El respeto es entonces la dimensión contemplativa de la caridad, cuando el hombre es contemplado en Dios.
 
 
El Respeto y la Educación
La educación debe contribuir a hacernos responsables de lo que hacemos en nuestro entorno. Debe asegurar la formación humana, educando  a seres humanos para cualquier presente, seres en el que cualquier otro ser humano pueda confiar y respetar, seres capaces de pensarlo todo y hacer lo que se requiera como un acto responsable desde su conciencia social. Esto implica respetar, mirar a niños y niñas permanentemente como seres legítimos en su totalidad, y no como un tránsito hacia la adultez.
La educación no puede ser un saber en el vivir literario de un mundo ajeno a los alumnos. La educación debe ser la conquista del saber en el vivir cotidiano de alumnas y alumnos, debe ser adecuado a su vivir. La educación debe permitir a alumnas y alumnos llegar a ser seres humanos concientes del propio valor y del valor de los demás lo que permite que profesores y alumnos reflexionen sobre el quehacer de cada uno, pudiendo entonces intentar cambiar el mundo respetándose a sí mismo y al otro.
Según Maturana,  si los alumnos aprenden a conocer  y a respetar su mundo (campo, montaña ciudad, bosque o mar) y no a negarlo o destruirlo, y este aprendizaje se da en el respeto de sí, del otro y lo otro, entonces los alumnos pueden aprender cualquier cosa.
La educación está relacionada con el alma, con el espíritu o dicho de otra manera, con el espacio psíquico que viven los alumnos. La educación debe propender a la expansión de la conciencia. Se debe buscar que los jóvenes vivan su vida desarrollando una conciencia expandida, sin límites, en unidad con el todo, con visión y sensibilidad amplia, sin amarras al estrecho mundo particular, haciéndose así visionarios, viendo donde antes no veían.
Por último, la educación debe abandonar el estímulo a la competencia entre los alumnos porque ello fortalece la negación de sí mismo y el desprecio por los demás. La competencia justifica ventajas y privilegios, da una noción engañosa de progreso que se basa en la derrota y aniquilamiento del otro, limita la mirada responsable hacia la comunidad que sustenta niños y jóvenes, invita a la apropiación de lo que corresponde a todos, a la explotación del mundo natural y su desconocimiento, estimula la envidia y disminuye el respeto por sí mismo, el otro y el mundo creado por ese otro , en fin destruye la coexistencia armónica de los humanos con su entorno natural y social opacando su comprensión e inhibiendo su participación responsable y en plena libertad a ser cocreadores de un mundo armonioso y bello desde su conocimiento y respeto sin pretensiones de dominarlo.
“Educar es vivir, vivir es dar sentido a lo que una vez aprendimos”
El Respeto y el Amor
El amor significa respeto. El respeto no es un deber moral, sino un movimiento interior espontáneo que demuestra el amor que se siente. Es la capacidad de ver a la persona tal y como es, es ser conciente de su unicidad, es desear verla desarrollarse conforme a sus propios deseos y caminos y no conformarse a nuestros planes. De lo contrario eso no es amor, es explotación (Erich Fromm).
La gratitud también es una faceta inevitable del verdadero amor. Cuando se es feliz con alguien, se siente gratitud hacia esa persona, no tanto por un determinado gesto o unas palabras, sino simplemente por el hecho de que exista y de que nos ofrezca la posibilidad de vivir toda esa dicha.
Al expresar nuestra gratitud favorecemos la libre circulación del Amor, energía eterna que une a toda la creación. Toda emoción no expresada, se encalla e impide que la energía del amor circule libremente.
El Respeto y el Temor
 
El respeto se asemeja en parte al temor y en parte al amor. El amor aleja al miedo, pero siempre alberga cierto temor. Si tememos cometer una falta por temor a la reacción de la víctima o la autoridad, el miedo es servil. Si tememos cometer una falta por amor a quienes podríamos perjudicar, ese temor (si está libre de la enfermedad del escrúpulo) es una modalidad del amor y es libre. Ese temor es razonable, porque mientras el hombre resida aquí abajo y esté dotado de una libertad flexible, existe la posibilidad de desconfiar de uno mismo y temer herir a las personas amadas.
El respeto teme, teme herir. Ve la vulnerabilidad del amigo, del amado. Es un misterio del hombre en su profundidad, vinculado con su capacidad de sufrir. El respeto no se contenta con temer. Teme no compadecerse. 
También procura comprender en los demás lo que los hace sufrir.
El Respeto por Ti Mismo
¿Qué quiere decir respetarte a ti mismo?
Respetarte a ti mismo significa:

  • Considerarte un ser humano con energía limitada que necesita prevalecer sus necesidades y cuidarse.
  • Saber decir “no” a las demandas externas priorizando tus propias necesidades.
  • Cuidar tu salud con conciencia.
  • Disfrutar de la vida en todos los niveles posibles,  conciente de que la calidad que le das a tu propia existencia es la misma que los demás recibirán de ti.
  • Apoyarte a ti mismo con ideas objetivas y constructivas con respecto a tu forma de ser y de actuar.
  • Generar auto confianza y seguridad en lo que has logrado o puedes ir realizando.
  • Evitar pensamientos negativos que te desacrediten y desvaloricen.
  • Ser razonable con las demanda</span><span class="Normal-0020-0028Web-0029--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; ">s que te impones, en cantidad y en grado, entendiendo que no eres perfecto ni puedes hacerlo todo bien siempre.
  • Valorar tus necesidades en su justo nivel, sin menospreciarlas ni subestimarlas.

Cuando tu vida es una presión excesiva de autoexigencia, cuando nada de lo que haces parece suficiente, es necesario cuestionar ese perfeccionismo. ¿No estarás en realidad buscando una autoafirmación que te haga demostrarte que “vales mucho” como persona y eso te impulsa a vivir alterado queriendo lograr metas al costo de afectar gradualmente la salud?
¿Por qué no buscar relaciones y entornos que promuevan tu bienestar? Puede ser que necesites amistades diferentes o acabar con una relación perjudicial para ti, mayor descanso, tiempo libre, un cambio de actividad, ayuda de los demás, etc.
Debemos recordar siempre que la salud y la felicidad están antes que la aprobación de los demás, del que dirán, y que  la obtención de alguna posición económica o estatus. En muchas ocasiones nos creamos necesidades para después terminar dependiendo o esclavizándonos por ellas.
El Respeto lo reflejan a menudo gestos simples:

  • Una mirada bondadosa
  • Una sonrisa
  • Decir buenos días
  • Agradecer
  • Sujetar la puerta a alguien
  • Llevar las compras de una persona más débil
  • Ayudar
  • Escucha</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; font-style: italic;">r con atención
  • Aceptar las diferencias
  • A t e n c i ó n

 

RESPETAR  ES…

  • Respetar es Amar sin condicionamientos
  • Respetar es aceptar al otro tal como es
  • Respetar es reconocer la Divinidad en mi y en los demás
  • Respetar es sugerir, no imponer
  • Respeta</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; font-size: 11pt; font-style: italic;">r es reverenciar la opinión del otro
  • Respetar es escuchar con empatía
  • Respetar es reconocer las jerarquías en los órdenes del Amor
  • Respetar es ser conciente de que cada ser tiene un camino para recorrer y que las elecciones son propias
  • Respetar es tener pr</span><span class="Normal--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; font-size: 11pt; font-style: italic;">esente que cada uno elige y construye su propia realidad
  • Respetar es honrar la ley universal del libre albedrío
  • Respetar es Respetarme en todas las dimensiones de mi ser
  • Respetar es Honrar la vida que me brinda la oportunidad de desarrollarme como Humano
  • Respetar la Vida es vivirla con Responsabilidad

Las actitudes respetuosas cambian nuestras vidas partiendo del principio de que cuando se practica EL BIEN se gana un bienestar mental.
"Todo hombre tiene una pretensión legitima al respeto de su prójimo, y recíprocamente él también está obligado al mismo respeto hacia cada uno de los demás hombres" Emmanuel Kant
Respetándonos, respetando al otro y conectándonos con su Esencia  llegamos a los secretos más íntimos del Ser, logrando una comunicación que Revela e Ilumina nuestras vidas.
 

Una Mirada Filosófica hacia el “Ser
Humanos”
Martín Mordechai Buber (1878-1965, autor religioso judío) constató –como tantos otros filósofos del siglo XX- la importancia de restablecer el diálogo interpersonal para devolver al mundo la humanidad que éste había perdido. Su teoría del diálogo Yo-Tú sigue siendo hoy una de las propuestas más originales para comprender la realidad de la comunicación humana.  Sólo en el encuentro yo-tú el ser se constituye verdaderamente como persona y deja de ser un mero individuo. Allí es capaz de captar el sentido de las cosas llegando a los secretos más íntimos del ser.
La cosificación, el mero tener para sentir que se es, así se alcance un nivel importante, nos empobrecerá enormemente, puesto que, recordando a Erich Fromm, podremos tener mucho pero seremos muy poco.

Una mirada a nosotros mismos

La reconciliación con nuestras contradicciones no supone la eliminación de nuestros adversarios externos pero sí modifica nuestra relación con ellos. Para alcanzar la paz nos vemos obligados a realizar un doloroso esfuerzo espiritual. Sólo entonces dejaremos de considerar que la maldad es algo diabólico y comenzaremos a relacionarnos con ella en términos mucho más humanos. Esto es, a fin de cuentas, el camino de la humildad, camino que nos enseña que el verdadero sendero que conduce a la paz pasa por el reconocimiento de que hasta el más encarnizado de nuestros enemigos no deja, por ello, de ser tan humano como nosotros.

Adversarios y adversidades

Goethe decía que nuestros amigos nos enseñan lo que podemos hacer y nuestros enemigos lo que debemos hacer.
Desde lo psicológico, el proceso de creación de un enemigo parece originarse en una proyección de nuestra sombra sobre aquellas personas que se adecuan a la imagen que tenemos de lo inferior. En lo que atañe al ámbito de lo colectivo –nación, raza, religión- el proceso de creación de enemigos adquiere proporciones míticas, dramáticas y, muchas veces, trágicas. El enfrentamiento con nuestros enemigos cumple una función redentora.
El verdadero adversario de nuestro tiempo -el hambre, la pobreza, la destrucción indiscriminada de nuestro habitat- está más allá de toda proyección y sólo podrá resolverse adecuadamente cuando asumamos y seamos los dueños de nuestra sombra colectiva. El precio que debemos pagar por arrojar nuestro ser a la oscuridad es la pérdida del alma.  Carl Gustav Jung, solía decir : “Hemos olvidado ingenuamente que bajo el mundo de la razón descansa otro mundo. Ignoro lo que la humanidad deberá soportar todavía antes de que se atreva a admitirlo.”
 
Sólo disponemos de una forma de protegernos de la maldad humana representada por la fuerza inconsciente de las masas: desarrollar nuestra conciencia individual. La frontera para enfrentarnos a la sombra se halla en el interior del individuo.

Un paso

Debemos dar un paso adelante, firme y resueltamente en pro de los valores más caros al humanismo. Debemos vivir nuestra propia vida, pero vivirla con sentido, con propiedad, es decir, de cara a la gente, junto con la gente, con el ánimo y en el hacer de un hoy más humano y compartible.
La labor de una persona es la labor de la humanidad, nada está prefijado, todo está por decirse siempre que impere en nuestras mentes, toda vez que reine en nuestros corazones el espíritu de proceder con rigor y con misericordia.
La vida siempre sorprende y aunque la posibilidad sea de la más exigua, igualmente nos compete dar cabida a la misma y eso sólo se hace en el compromiso cotidiano y permanente de una vida en donde la ética y la moral estén en armonía. Podremos equivocarnos pero a la postre venceremos, siempre venceremos. Elijamos nosotros si queremos ser meramente exitosos o queremos ser personas. Optemos por la vida por nuestros hijos, por nuestros hermanos, por nuestra propia e inembargable existencia, porque podrán vender nuestras cosas más nunca nuestro espíritu. Podemos hacerlo, hagámoslo. Demos el paso necesario, marquemos hondamente nuestra huella que al fin y al cabo, el suelo es nuestro como nuestro es el cielo.
La reflexión de Buber sobre el principio dialógico, plasmada en un lenguaje tan abstracto como expresivo, culmina en un punto teológico. Su libro descansa en último término sobre la convicción de que cada relación Yo-Tú remite a un Tú Eterno. Este Tú Eterno no es conocido por principios teóricos o especulaciones metafísicas, sino por la relación personal  que el hombre puede encontrar en todas partes, en personas,  animales, en la naturaleza o en obras de arte.
Rosenzweig dice: “Lo que debe el hombre hacer es amar a su prójimo como a sí mismo. Tu prójimo es como tú. No es que se le ponga ante los ojos al mundo como una mezcolanza infinita y se le diga, señalando con el dedo a toda esa mezcolanza, eso eres tú, así que deja de distinguirte de ello y ve a mezclarte tú también en él, a desaparecer y perderte en él. No,  muy al contrario, del caos infinito del mundo se le pone ante su alma un algo próximo, su prójimo y de él, y en primer lugar, sólo de él se le dice: él es como tú. Como tú, o sea, no tú. Tú sigues siendo tú, y debes seguir siendo. Pero él no debe quedar para ti siendo un él, o sea meramente un ello para tu tú; sino que él es como tú, como tu tú; un tú como tú; un yo; un alma”.
Una cosa es clara en este sentido para Buber: la revelación acontece en los encuentros personales con el Eterno Tú, y no sólo en aquel entonces del Sinaí sino en el aquí y ahora, y siempre en ese momento en el que estoy abierto a recibirla. No es la Biblia un libro muerto, sino un relato vivo de encuentros dialógicos entre el hombre y Dios.
“Toda auténtica vida es un encuentro”
Como navegantes en el desafiante océano de la vida, necesitamos de la presencia y participación de otros seres para lograr llegar al punto de destino. No obstante, nuestra experiencia, así como la de aquellos que nos acompañan, es particular y tiene su propia identidad, conforme al lugar y a los recursos que la vida nos ha brindado.
Como capitanes, en la inmensidad de la existencia, es nuestra responsabilidad cultivar nuestras virtudes, tomar el timón y proponernos lograr el objetivo supremo: “El Desarrollo Humano”
Honrar La Vida
Nó...! Permanecer y transcurrir 
no es  perdurar, no es existir, 
ni honrar la vida! 
Hay tantas maneras de no ser 
tanta conciencia sin saber, 
adormecida... 
Merecer la vida, no es callar y consentir 
tantas injusticias repetidas... 
Es una virtud, es dignidad 
y es la actitud de identidad 
más difinida! 
Eso de durar y transcurrir 
no nos dá derecho a presumir, 
porque no es lo mismo que vivir 
honrar la vida! 
 
Nó...! Permanecer y transcurrir 
no siempre quiere sugerir 
honrar la vida! 
Hay tanta pequeña vanidad 
en nuestra tonta humanidad 
enceguecida. 
Merecer la vida es erguirse vertical 
más allá del mal, de las caídas... 
Es igual que darle a la verdad 
y a nuestra propia libertad 
la bienvenida! 
Eso de durar y transcurrir 
no nos da derecho a presumir 
porque no es lo mismo que vivir 
honrar la vida!
BIBLIOGRAFÍA

  • Wikipedia, la enciclopedia libre
  • Pequeño Tratado de las Grandes Virtudes  por   André Comte-Sponville
  • El Respeto por Juan C. Naranjo ( Investigador SEIP  Guadalajara)
  • El Respeto por Sr. Samuel Insanally, ONU
  • El Respeto por Lic. Alejandro Wald
  • El Respeto por Lic. Pablo Buol
  • Tesis sobre Educación – Biólogo Humberto Maturana
  • Tesi</span><span class="Normal-0020-0028Web-0029--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; font-size: 11pt;">s sobre Educación – Lic. Jaime Yanes
  • Respeto por Ti Mismo – Dra Elisa Urbano
  • En Torno al Respeto  - Henri Hude
  • El Respeto a la diferencia y la necesidad de ser incluido – artículo redactado por Alicia Montesdeoca
  • El Respeto, dar el lugar a cada persona. A</span><span class="Normal-0020-0028Web-0029--Char" style=" font-family: 'Arial', 'Arial'; font-size: 11pt;">utor: Irma Delgado

 

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